Sala de maceraciones

El reposo lento que da alma a la licorería de Rute

La maceración es uno de los procesos más antiguos y delicados de la licorería tradicional. Durante siglos, aquí reposaron frutas frescas (como guindas y endrinas), granos de café, hierbas aromáticas y especias en una base de anís destilado de entre 18º y 35º. Este método, pausado y artesanal, permitía extraer lentamente los aromas más profundos de cada ingrediente, dando vida a licores que hoy forman parte de la identidad de Rute: guindas, rosolis, hierbabuena, pacharán…

El proceso se realizaba en tinajas lucentinas de barro vidriado de los siglos XVII y XVIII, auténticas joyas de la alfarería tradicional. Cada tinaja podía contener hasta 62 arrobas (aprox. 1.000 litros). Su estructura gruesa y estable evitaba las oscilaciones térmicas, preservando el sabor afrutado y el carácter fresco de los licores.

Desde agosto de 2013, estas tinajas pueden contemplarse a través de un grueso vidrio expositivo, que permite apreciar su tamaño, su color, y las huellas del uso continuado durante siglos. Son uno de los elementos más admirados del Museo por su valor histórico y por la belleza de su factura artesanal.

A lo largo de la sala, un conjunto de vitrinas reúne botellas antiguas, documentos, material publicitario, utensilios industriales y objetos procedentes de antiguas empresas ruteñas ya desaparecidas. Muchas de ellas destilaban aguardientes vínicos previos a la llegada de la filoxera a finales del siglo XIX, lo que convierte a estas piezas en testimonios irrepetibles de una tradición perdida.

Destacan especialmente las iconografías de marcas inspiradas en el mundo animal, tan populares en la época:

Anís Gusanillo, Anís El Gallo, Anís Barba de Pavo o Las Palomas, esta última famosa por popularizar la refrescante “Palomita”: anís con agua fría, bebida típica de los veranos ruteños.

La tauromaquia ocupa también un lugar protagonista en esta sala. A comienzos del siglo XX, numerosos matadores nacionales imprimieron carácter propio a las marcas de anís: Zurito, Dominguín, Calerito, Lalanda y hasta cuarenta toreros distintos, incluyendo figuras de Portugal y México, ligaron su nombre a la licorería ruteña.

Entre las piezas más valiosas destaca una vitrina dedicada al legendario matador mexicano Carlos Arruza, con su capote de paseo azul purísima adornado con la imagen de Nuestra Señora de la Fuensanta, patrona de Murcia. Le acompañan su montera, su estoque, y el vestido de luces azul cielo de su hijo Manolo Arruza, que completa un conjunto de enorme valor testimonial y emocional.

Esta sala no solo explica cómo se elaboraban los licores de antaño: es un viaje sensorial e histórico que conecta a los visitantes con los sabores, las manos y las historias que hicieron grande a la licorería ruteña.

Duende Museo