Bodegas y patios

La esencia viva del Museo del Anís

Un santuario histórico donde duerme el espíritu del vino

Las bodegas originales de la destilería —datadas en 1908— son, sin duda, una de las dependencias más bellas y evocadoras del Museo del Anís. Conservan intacta la estética costumbrista de principios del siglo XX y muestran, en toda su plenitud, el alma del oficio destilador ruteño.

La bodega está formada por dos calles de barriles de roble americano, donde el brandy puro de vino reposa durante años siguiendo el método tradicional de criaderas y soleras. Cada tonel guarda historia, paciencia y artesanía, y está dedicado a una figura muy especial para la casa: el Abad de Rute.

Las paredes muestran firmas y dedicatorias de personajes ilustres del mundo de la cultura, el arte, la política y la gastronomía que, a lo largo de décadas, han visitado este lugar único. La luz tenue, el olor a madera vieja y vino añejo, y la decoración minuciosa crean una atmósfera difícil de describir: una mezcla de recogimiento, solemnidad y tradición que convierte la bodega en un auténtico santuario de la historia de España.

Patio con Duende

Un oasis de 1908, alma vegetal del museo y joya patrimonial

Tras los gruesos muros de la destilería se abre el Patio con Duende, un espacio originario de 1908 que captura la esencia más pura y viva del museo.

Es un oasis lleno de luz, frescor y tradición, reconocido por su singularidad y galardonado con:

  • Seis primeros premios del Concurso de Patios de la Mancomunidad de la Subbética

  • Tres primeros premios del Concurso Provincial (Diputación de Córdoba + Fundación Viana)

Un lugar que ha dado a Rute su fama universal.

Un jardín vivo lleno de aromas y memoria

El patio conserva limoneros centenarios, cipreses, rosales de pitiminí, claveles de olor, diamelas, clavellinas, geranios y gitanillas que desbordan los balcones.

Entre ellos se mezclan hierbas aromáticas como hierbaluisa, menta, hierbabuena, mejorana, tomillo o laurel, todas ellas utilizadas en la cocina costumbrista que permanece “en uso”, conservando el antiguo utillaje de cobre de la destilería.

En el centro, una alberca con surtidores refresca los días cálidos y es el corazón del patio. Cada estación del año transforma sus colores, aromas y juegos de luz.

Rincones con alma propia

Bajo el soportal se agrupan las plantas de sombra —aspidistras, hiedra y ciclamen— acompañadas por el susurro del agua del viejo fregadero de mármol.

El dormitorio abre su ventana hacia los jazmines de espaldera, cuyo perfume inunda las noches de verano, mientras se preparan las tradicionales moñas en su liturgia diaria.

Las parras cubren el peristilo, junto a celestinas y buganvillas que descansan sobre viejas tinajas. Los arriates se llenan de ipomeas, damas de noche, don Pedros y bignonias que enmarcan los muros blancos, alternados con tonos de albero, almagra y añil.

Un pequeño estanque rodeado de hiedra y poleo silvestre acoge papiros, calas y nenúfares que disfrutan del tintineo constante del manantial.

Y una piña de botas —símbolo de la tradición bodeguera— da solera a la gran palmera que lo corona todo.

Un solo día en él… es un regalo para la vida.

Visita y eventos

El Patio con Duende puede visitarse, aunque se encuentra fuera de las dependencias principales, en calle Empresaria Teresa Córdoba s/n, a unos 50 metros del museo.

Además de su carácter contemplativo o fotográfico, este espacio puede acoger:

  • Ceremonias civiles

  • Eventos culturales

  • Aperitivos y encuentros para grupos concertados

Duende Museo